Nuestra Hermandad ha de tomar conciencia de que forma parte de la Iglesia doméstica de Sevilla y, por ende, de la Iglesia Universal. Y tenemos que ser conscientes de que la devoción que despiertan nuestros Sagrados Titulares acrecienta nuestra responsabilidad a la hora de acometer nuestra parte de la labor eclesial a la que estamos llamados.
El papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, publicada en noviembre de 2013 tras la clausura del Año de la Fe, nos recordó la importancia de la Nueva Evangelización y nos convocó a todos a hacerla realidad distinguiendo fundamentalmente tres ámbitos:
Nuestra hermandad debe, por tanto, hacer suya esta idea de la Nueva Evangelización y, para ello, proponemos:
La Esperanza como motor de la Evangelización
La Hermandad debe aprovechar la advocación que a todos nos une en esta tarea. No solo porque la Evangelización es un método precioso para encontrar a Cristo y, en Cristo, a Dios mismo, sino también porque es la Esperanza en lograr este encuentrola que nos debe animar para obtener fuerzas renovadas que nos auxilien en tan considerable reto.
Por otra parte, la devoción de la Esperanza es ya una devoción de caráctertransversal y universal que supera los límites de la propia Hermandad, del barrio e, incluso, de la ciudad para llegar a comunidades de todo el mundo, hasta los lugares más remotos e insospechados. Como Hermandad, debemos usar los caminos que quedan abiertos por esta Bendita Devoción para llevar la tenue llama de la fe y el Evangelio a estos lugares en los que, como decía el papa Francisco, también tienen derecho a escuchar el Evangelio. En este sentido, consideramos que:
La Evangelización de los hechos. La tarea por realizar
En palabras del Apóstol Santiago en su carta a los apóstoles, “la fe sin obras es una fe muerta”. Por ello, la Iglesia ha defendido siempre que el auténtico motor de la fe es el amor. Y más aún ahora, en un tiempo en el que la credibilidad de todas las instituciones está bajo mínimos y donde frases como “las promesas están hechas para incumplirlas” o “la caridad bien entendida empieza por uno mismo” han hecho fortuna. Nadie se cree lo que otro dice porque, la mayoría de las veces, el tiempo les da la razón.
Pues en este tiempo en que vivimos es cuando nosotros, los cristianos, y, por ende, los hermanos de esta Hermandad, hemos de dejar la palabra y pasar a los hechos sin perder un minuto más. Dios y la santísima Virgen nos han regalado el momento –La Misión– y el lugar –el Polígono Sur– para comenzar la Nueva Evangelización predicando con los hechos. Dice el Señor en el Evangelio que “la mies es mucha y los obreros, pocos” (Mateo 9: 35-38). El Polígono Sur es la mies y nosotros tenemos que ser los obreros. Unos obreros que no se conformen con la aportación económica que, muchas veces, es lo más fácil y lo menos necesario, sino que tenemos que ofrecer compañía, ayuda al enfermo, ayuda en la educación y desarrollo humano, tiempo de juego, tiempo para el deporte, formación profesional, empleo, etc. Para todo ello hemos de ofrecer tiempo, que es lo más difícil de ofrecer, lo que menos tenemos y lo que nos hace bien robar ese tiempo a nuestras ocupaciones laborales, bien renunciar a otros momentos que valoramos mucho, como el descanso o el ocio.
Sin embargo, el trabajo de la Hermandad es lograr hacerse con un ejército de voluntarios que sea capaz de ofrecer a ese barrio –que tan ilusionado está– la posibilidad de cambiar, aunque sea parcialmente, su imagen y su perspectiva de futuro. Esa será, sin duda, la mejor ofrenda, la mejor realización que podemos ofrecerle a la Virgen de la Esperanza, el mejor estreno todos los años, porque entonces sí seremos testigos de la Esperanza y colaboradores eficaces de la Nueva Evangelización.
